La foto de arriba es de 1916.

En 1909 comenzó la construcción del teatro Alberdi, por iniciativa de manos privadas: los hermanos Miguel y Filandro Genovesi. El proyecto fue confiado al estudio rosarino Candie, y luego fue modificado en nuestra ciudad por Virgilio Belzoni. El constructor Nicolás Terrera fue el encargado de comandar la obra, y el escultor Juan Bautista Finocchiaro esculpió las figuras que decoran la cornisa. Se cree que el hueco del coronamiento de la esquina fue pensado para instalar un reloj, aunque esto nunca se concretó.

En un principio, el teatro iba a llamarse Odeón, pero la mujer de Miguel Genovesi insistió en llamarlo Alberdi, en honor al pensador tucumano, gran amante de la música y quien introdujo en la Argentina la obra de Beethoven.

El 12 de mayo de 1912 se hizo la primera función en el flamante teatro, con la actuación de artistas locales. La inauguración oficial se produjo tres días después, con la presentación de la ópera «Marina», de Emilio Arrieta, a cargo de una compañía española dirigida por Manuel Casas.

Durante más de 40 años se presentaron óperas, zarzuelas, operetas y obras de teatro de compañías nacionales y extranjeras, principalmente de España e Italia. El Alberdi adquirió un marcado perfil popular.

El auge del cine fue desplazando a las compañías de teatro hacia continuos fracasos económicos. El Alberdi, como otras salas, se veía obligado a mostrar películas antes que obras en vivo. Entonces empezó su decadencia.

En 1961 la UNT compró el inmueble, por decisión del rector Eugenio F. Virla. Pero pudo disponer de él recién en 1967, tras un arduo período de litigios. Con algunos rápidos arreglos, el teatro volvió a abrir sus puertas y a presentar obras; al poco tiempo, los años sin mantenimiento se hicieron sentir y en 1971 la UNT decidió cerrar la sala por tiempo indefinido. 

En 1972 el teatro fue cercado luego de varios estudios que dieron un diagnóstico nefasto de la estructura: era irrecuperable.

En 1978 la UNT insistió en recuperar el coliseo (foto abajo). Construcciones Universitarias volvió a hacer un estudio de cargas y determinó que la estructura no había sufrido modificaciones, con lo que era apta para ser restaurada. Los trabajos fueron comandados por el arquitecto Jorge de Lassaletta (recibió propuestas de sus colegas Eduardo Sacriste, Ricardo Salim y Raúl Di Lullo). El objetivo de De Lassaletta fue tratar de devolverle el aspecto original. Los intensos trabajos de restauración permitieron al Alberdi recuperar su belleza y reincorporarse a la vida cultural de la provincia.